Por
su parte, en Guerrero Negro, Baja California Sur, se instaló en 1998 un
aerogenerador Gamesa Eólica de 600 kW, con una torre de 50 metros de altura y
los vientos fuertes en la zona son generalmente por la tarde con una velocidad
promedio anual de 7.5 metros por segundo con factor de planta de 25 por ciento.
La
importancia del desarrollo eólico en este lugar apartado del sistema eléctrico
nacional, donde la generación se logra con plantas diésel, es que cada kWh
generado por la planta redunda de inmediato en un ahorro de petróleo diésel que
cuesta aproximadamente diez centavos de dólar por kWh.
En
San Juanico, también Baja California Sur, el proyecto híbrido consta de diez
aerogeneradores de 7 kW, un arreglo fotovoltaico de 17 kW, una máquina diésel
de 80 kW y un banco de baterías. Los equipos fueron donados por empresas y
dependencias de Estados Unidos y la instalación, obra civil y electrificación
hacia el poblado, corrieron por cuenta de los gobiernos estatal, municipal y la
propia CFE.
Esta
planta tiene la particularidad de que es operada por un patronato, el que a su
vez cobra la energía a sus pobladores. La operación del sistema ha mostrado que
el punto vulnerable es el banco de baterías, porque dura poco tiempo y su
reemplazo es bastante caro.
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